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Este sendero recorre la ruta que siguieron los 795 presos del franquismo que escaparon del Fuerte de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938, en una de las mayores fugas de la historia. Solo tres pasaron la frontera, 206 fueron ejecutados sobre el terreno y otros 586, tras ser atrapados, volvieron al fuerte y fueron represaliados (14 fueron juzgados como organizadores y fusilados ese mismo año en los fosos de la Ciudadela de Pamplona).
La GR-225 recrea el camino seguido por Jovino Fernández, que logró atravesar la frontera por Urepel. En 2017, el Gobierno de Navarra, con la ayuda de personas voluntarias, señalizó y balizó este sendero que se ha convertido en un lugar de transmisión intergeneracional de la memoria a través de la experiencia Las botellas de la libertad, en el marco del programa Escuelas con memoria.
Se organiza en torno a cuatro etapas: Fuerte de San Cristóbal-Olabe, Olabe-Saigots, Saigots-Sorogain y Sorogain-Urepel. A lo largo de ellas, se pueden visitar varios espacios memoriales, como la Fosa de Olabe, que ya es Lugar de Memoria Histórica de Navarra.
Historia
El Fuerte de San Cristóbal o Fuerte de Alfonso XII fue construido en la cima del monte Ezkaba entre los años 1878 y 1919. Levantado con un carácter defensivo, nunca llegó a ser utilizado para ese fin, dada la aparición de la aviación como elemento bélico. Su uso real fue como cárcel o penal entre los años 1934 y 1945. En 2001 fue declarado como Bien de Interés Cultural.
Su primer uso como penal data de finales de 1934, en el contexto de la huelga revolucionaria de 1934, durante el bienio radical-cedista, con el fin de encerrar a centenares de presos que participaron en ella. Tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, se decretó una amnistía para todos los presos políticos y el penal de San Cristóbal se utilizó como prisión para dos centenares de presos comunes de todo el estado.
Con la insurrección militar del 18 de julio de 1936, el fuerte se volvió a utilizar como prisión para presos políticos. En los dos primeros meses, ingresaron, sobre todo, presos gubernativos navarros y, a partir de noviembre, empezaron a llegar de otras comunidades.
Las condiciones de vida en esta fortaleza-penal eran inhumanas: hambre, enfermedades, violencia, humedad, piojos… También sufrían la imposición de los valores de la Nueva España, donde las jerarquías castrenses y católicas adquirieron un protagonismo preponderante, y un contexto bélico en el que el ejército republicano aún tenía la esperanza de conseguir vencer a los insurrectos.
Este escenario hizo que numerosos presos fueran fraguando una fuga que se materializó la tarde del domingo 22 de mayo de 1938. En media hora, se abrieron las puertas del penal y prácticamente la totalidad de las personas recluidas salieron del mismo. Ante la incertidumbre y el desconocimiento, muchas de ellas volvieron a entrar, pero 795 decidieron intentar huir en diferentes direcciones. Solo tres cruzaron la frontera, 206 fueron ejecutadas sobre el terreno y otras 586, tras ser atrapadas, volvieron al fuerte y fueron represaliadas (14 fueron juzgadas como organizadores y fusiladas ese mismo año en los fosos de la Ciudadela de Pamplona). De los presos que fueron nuevamente capturados tras la fuga, otros 46 morirán en el fuerte hasta el año 1943.
En 2017, se recreó el camino seguido por Jovino Fernández, uno de los tres presos que logró atravesar la frontera por Urepel. El Gobierno de Navarra, con la ayuda de personas voluntarias, señalizó y balizó este sendero, que, desde ese momento, ha sido muy transitado. Con varias paradas en las diferentes fosas exhumadas, se ha convertido en un lugar de transmisión intergeneracional de la memoria. Desde el Instituto Navarro de la Memoria y a través de la experiencia Las Botellas de la Libertad, en el marco del programa Escuelas con Memoria, cientos de alumnos y alumnas de Educación Secundaria recorren este camino y escuchan los testimonios de familiares e investigadores/as. En 2019 el GR225 fue declarado por el Gobierno de Navarra Lugar de la Memoria Histórica de Navarra.
El sendero tiene una longitud de 54 km y se organiza en torno a cuatro etapas: Fuerte de San Cristóbal-Olabe, Olabe-Saigots, Saigots-Sorogain y Sorogain-Urepel. A lo largo de ellas, se pueden visitar varios espacios memoriales, como la Fosa de Olabe, que ha sido reconocido también como Lugar de Memoria Histórica de Navarra, o el monolito que recuerda las fosas del valle de Esteribar en el lugar ocupado por la fosa de Leranotz.