La sima de Legarrea, en Gaztelu, fue escenario de uno de los crímenes más terribles ocurridos en el marco del ambiente de violencia y terror que vivió Navarra tras la insurrección militar de julio de 1936. Estuvo rodeado de silencio y del hermetismo de los vecinas y vecinas. Todavía hoy en día no están claras las razones del crimen (por prejuicios sociales o por cuestiones políticas), ni se conoce la identidad de los autores o autoras de los asesinatos de Josefa Goñi y seis de sus hijos, que fueron arrojados a la sima.
En 2016, la Sociedad de Ciencias de Aranzadi exhumó sus cuerpos, en el marco del convenio firmado con el Gobierno de Navarra para llevar adelante el Plan de Exhumaciones. Se encontraron todos los cuerpos y fue corroborada su identidad. En 2017 se celebró un acto de homenaje a la familia Sagardia-Goñi en la propia sima y posteriormente en Gaztelu, donde se entregaron los restos a los familiares para su inhumación en el cementerio local y se inauguró la escultura de Mikel Iriarte.
Historia
La familia Sagardia-Goñi estaba formada por Pedro Antonio, Juana Josefa y ocho hijos, uno de ellos fallecido al poco de nacer. Tras la sublevación militar de 1936, Pedro Antonio y el hijo mayor, José Martín, fueron al frente, no queda claro si obligados o voluntariamente, aunque hay testimonios que afirman que no lo hicieron por su voluntad. La madre y los otros siete hijos se quedaron en el pueblo de Gaztelu. Al poco tiempo fueron acusados de realizar pequeños hurtos, y en una reunión de vecinos se decidió expulsarles del pueblo, junto a otras familias acusadas de hechos similares. Así se desprende del sumario nº 167/1936 del Juzgado de Pamplona (ARGN, caja 54793) en el que declararon ante el juez varios vecinos del pueblo que reconocieron la celebración de esa reunión para la expulsión de esas familias.
Así, fueron expulsados de su casa y de la localidad, y se instalaron en una chabola en el monte, cercana al pueblo. Al parecer, la noche del 30 de agosto de 1936, una partida de personas del lugar condujo a la familia Sagardia-Goñi a la sima de Legarrea, donde arrojaron vivos a Juana Josefa (que estaba embarazada), Joaquín (16 años), Antonio (12 años), Pedro Julián (9 años), Martina (6 años), José (3 años) y Asunción (18 meses).
Se puso en marcha una investigación judicial que duró ocho años y cinco meses hasta que fue declarada concluida por el juez. Se trata de un caso atípico ya que es la única causa abierta en relación con personas desaparecidas durante aquellos años en que las masacres fueron frecuentes. Frecuentemente se ha atribuido a la influencia del general Sagardia, al parecer emparentado con la familia, la persistencia de la investigación y en las dos reaperturas del sumario.
En 2016, la Sociedad de Ciencias de Aranzadi, en el marco del convenio firmado con el Gobierno de Navarra, realizó una exhumación de la sima encontrando todos los cuerpos. La identidad de las víctimas fue corroborada y se pudo confirmar que el relato era cierto, aunque no haya consenso definitivo en si las motivaciones fueron por prejuicios sociales (tesis defendida, entre otros, por Esparza) o por cuestiones políticas, como arguye Mikelarena.
En septiembre de 2017 se celebró un acto de homenaje a la familia Sagardia en la propia sima y, posteriormente en localidad de Gaztelu, donde se entregaron los restos a los familiares para su inhumación en el cementerio del pueblo y donde se instaló una estela realizada por Joseba Burusko en recuerdo a Josefa Goñi y sus hijos e hijas.