En esta carretera, que tenía como objetivo unir Igal, Vidángoz y Roncal, a partir de 1939 trabajaron 2.354 prisioneros procedentes, en su mayoría de Asturias, Barcelona, Bizkaia, Granada y Jaén. Durante cuatro años estos prisioneros abrieron la caja de esta carretera hasta 1941, cuando fueron trasladados a otros lugares.
El régimen franquista utilizó los trabajos forzados en la construcción de obras públicas como una forma de reprimir y humillar a los presos. Comenzó a implantarse cuando cambió sus políticas represivas y empezó a combinar el asesinato de sus adversarios políticos con su sumisión ideológica y su utilización como mano de obra. Por un lado, servía como forma de castigo, de pago o de humillación de los perdedores de la guerra. Por otro, tenía como objetivo la “reeducación” ideológica y política con la que se enseñaba a los vencidos el lugar que iban a ocupar en la Nueva España.
Dos elementos memoriales de esta carretera fueron declarados Lugar de la Memoria Histórica de Navarra en 2019: el barracón de Igal y el monolito del alto de Vidángoz.
Historia
En esta carretera, que tenía como objetivo unir los valles de Roncal y Salazar; desde el pueblo de Roncal pasando por Vidángoz y hasta el pueblo de Igal (Valle de Salazar), trabajaron 2.354 prisioneros procedentes en su mayoría de Asturias, Barcelona, Bizkaia, Granada y Jaén. Durante dos años, estos prisioneros estuvieron abriendo la caja de esta carretera hasta junio de 1941, en que fueron trasladados a otros lugares. Actualmente el tramo entre Roncal y Vidángoz es de pista de montaña, por donde se puede pasear y también circular en bicicleta de montaña. El tramo entre Vidángoz e Igal está hoy en día asfaltado, convertido en la carretera NA 2130.
La construcción de esta carretera hay que situarla dentro de un proyecto de fortificación del Pirineo Occidental que nace antes de la guerra civil, como demuestra la publicación en Toledo de La frontera de los Pirineos Occidentales, una obra de geografía del Comandante de Caballería Antonio Sanjuan Cañete. Ya en 1937 se crea la Organización Defensiva de la Frontera Pirenaica. Una vez finalizada la guerra, las prioridades cambian y la fortificación de los Pirineos pasa a ser uno de los elementos principales de atención. Esta organización empieza a elaborar un minucioso estudio de toda la frontera cuyo objetivo es preparar un plan de actuación para el cual se quieren construir búnkeres y carreteras paralelas a la frontera desde la costa cantábrica hasta el Pirineo catalán.
Una de las formas de represión y de humillación utilizada por parte del franquismo después de iniciada la guerra fue la del uso de los trabajos forzados de presos en la construcción de obras públicas. Los perdedores iban a reconstruir lo que ellos mismos habían dinamitado, iban a reconstruir la patria. En el caso del Estado español la utilización laboral de las y los opositores se da con un cambio de la represión que empieza a combinar la eliminación física de decenas de miles de adversarios políticos con la utilización económica y el intento de sumisión ideológica de otra parte amplia de la sociedad. Por un lado, servía como forma de castigo, de pago o de humillación de los perdedores de la contienda; por otro, tenía un carácter educativo mediante el cual se enseñaba el lugar que iban a ocupar los vencidos en la Nueva España, esto es, una reeducación ideológica y política que iba a durar muchos años. Esta forma de humillación era una explotación de la mano de obra de los vencidos, pero también era una forma de explotación de las familias de estos prisioneros.
En esta carretera, que tenía como objetivo unir los valles de Roncal y Salazar; desde el pueblo de Roncal pasando por Vidángoz y hasta el pueblo de Igal (Valle de Salazar), trabajaron 2.354 prisioneros procedentes en su mayoría de Asturias, Barcelona, Bizkaia, Granada y Jaén. Durante dos años, estos prisioneros estuvieron abriendo la caja de esta carretera hasta junio de 1941, en que fueron trasladados a otros lugares. Actualmente el tramo entre Roncal y Vidángoz es de pista de montaña, por donde se puede pasear y también circular en bicicleta de montaña. El tramo entre Vidángoz e Igal está hoy en día asfaltado, convertido en la carretera NA 2130.
La construcción de esta carretera hay que situarla dentro de un proyecto de fortificación del Pirineo Occidental que nace antes de la guerra civil, como demuestra la publicación en Toledo de La frontera de los Pirineos Occidentales, una obra de geografía del Comandante de Caballería Antonio Sanjuan Cañete. Ya en 1937 se crea la Organización Defensiva de la Frontera Pirenaica. Una vez finalizada la guerra, las prioridades cambian y la fortificación de los Pirineos pasa a ser uno de los elementos principales de atención. Esta organización empieza a elaborar un minucioso estudio de toda la frontera cuyo objetivo es preparar un plan de actuación para el cual se quieren construir búnkeres y carreteras paralelas a la frontera desde la costa cantábrica hasta el Pirineo catalán.
Una de las formas de represión y de humillación utilizada por parte del franquismo después de iniciada la guerra fue la del uso de los trabajos forzados de presos en la construcción de obras públicas. Los perdedores iban a reconstruir lo que ellos mismos habían dinamitado, iban a reconstruir la patria. En el caso del Estado español la utilización laboral de las y los opositores se da con un cambio de la represión que empieza a combinar la eliminación física de decenas de miles de adversarios políticos con la utilización económica y el intento de sumisión ideológica de otra parte amplia de la sociedad. Por un lado, servía como forma de castigo, de pago o de humillación de los perdedores de la contienda; por otro, tenía un carácter educativo mediante el cual se enseñaba el lugar que iban a ocupar los vencidos en la Nueva España, esto es, una reeducación ideológica y política que iba a durar muchos años. Esta forma de humillación era una explotación de la mano de obra de los vencidos, pero también era una forma de explotación de las familias de estos prisioneros.
El franquismo creó un universo concentracionario con más de cien campos de concentración y cientos de campos estables de trabajo que en un principio se organizaron en Batallones de Trabajadores (BBTT) adscritos a otros cuerpos del ejército y que a partir de 1940 pasaron a ser Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores (BDST). Estos Batallones disciplinarios fueron disueltos a finales del año 1942. Todo este entramado de explotación de las y de los vencidos de la guerra dependió directamente de un organismo público encargado de la gestión y organización de los campos de concentración. Primero, este organismo se llamó Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP) y partir de 1939 pasó a llamarse Jefatura de Campos de Concentración y de Batallones Disciplinarios (JCCBD). Red concentracionaria que albergó a más de 100.000 personas antifranquistas prisioneras.
Estos trabajos forzosos supusieron la administración cotidiana, calculada y racional de la más absoluta miseria y es importante situarlos dentro de una estrategia de sumisión y de terror que tenía el régimen, mediante la cual paralizó durante mucho tiempo cualquier capacidad de respuesta de amplias capas de la población. Va a tener como objetivo una utilización de los prisioneros como ayuda a la victoria militar, una utilización económica y también una reeducación de los mismos para su futura “reinserción” en la Nueva España. Esta nueva forma de represión mediante los trabajos forzados tiene varios objetivos y consecuencias. En primer lugar, tiene el objetivo de humillación de las personas que habían perdido la guerra mediante la obligación al trabajo forzado en unas condiciones nefastas (hambre, frío, cansancio…). Los familiares de los prisioneros obligados a trabajar también sufrían las consecuencias y la humillación de esta forma de represión. También el terror jugaba un papel importante como pilar del nuevo régimen, donde la sumisión iba a ser imprescindible. Por otro lado, tenía por objeto la reeducación e imposición del nuevo modelo ideológico y socioeconómico que iba a funcionar durante los siguientes 40 años.
La extensa red de trabajos forzados tenía entre sus objetivos la construcción de carreteras paralelas a la frontera por motivos estratégicos y así es como el 25 de julio de 1939 llegaron al pueblo de Roncal, desde diferentes campos de concentración, 630 prisioneros para construir la carretera Igal-Vidángoz, con el objeto de fortificar el Pirineo occidental. En este proyecto de fortificación del Pirineo occidental trabajaron unos 15.000 prisioneros en condiciones de miseria extrema y disciplina máxima, con castigos que en más de una ocasión provocaron la muerte. En total y durante 2 años, unos 2.100 prisioneros estuvieron abriendo la caja de esta carretera hasta que en mayo y junio de 1941 fueron trasladados a otros lugares donde continuaron con los trabajos forzados. Los Batallones de trabajo y Batallones disciplinarios que llevaron a cabo esta carretera estaban compuestos, en su mayoría, por personas de otras provincias; entre las que se puede destacar: Bizkaia, Córdoba, Granada, Asturias, Jaén, Alicante, Almería, Badajoz, Barcelona…
El impacto que tuvo el trabajo esclavo en las diferentes comarcas navarras se puede observar en el siguiente mapa y en la siguiente tabla:

En Navarra estuvieron trabajando en torno a unos 15.000 esclavos del franquismo, que podrían ser más si se incluyen las personas integradas en el Sistema de Redención de Penas por el trabajo. Estos trabajos se dieron en varios sitios de la geografía navarra y sobre todo consistieron en la construcción de fortificaciones, carreteras y vías férreas.
Este universo concentracionario franquista explicado anteriormente estuvo dispuesto por toda la geografía navarra. Dentro de esta amplia red de trabajo esclavo estaban: los campos de concentración de Estella y Pamplona; las vías de comunicación que ocuparon un lugar central dentro de esta red como la vía del Ebro entre Zaragoza y Miranda o el tramo entre Miranda de Ebro y Altsasu; las presas y canalizaciones como la del Canal de las Bardenas; y la fábrica de armas químicas de Cortes que, aunque no tuvo mucha importancia, sí que hay constancia de que trabajaron en ella varios prisioneros de guerra.
Desde 2004 un monolito en el alto del puerto recuerda a estos presos, y en ese lugar se celebra todos los años un homenaje organizado por la asociación Memoriaren Bideak. En 2018, un campo de voluntariado internacional organizado por el Instituto Navarro de la Memoria reconstruyó un barracón de los que se utilizaron para el alojamiento de presos, que fue inaugurado en septiembre de ese año.