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La escultura Babesaren muga (Las lindes del amparo) se levantó en memoria de las personas que tuvieron que tomar el camino del exilio, huyendo de la violencia franquista, pero también quiere recordar las diferentes redes de solidaridad que surgieron para ayudarlas y protegerlas. Realizada por Mikel Iriarte Antxorena, fue instalada en noviembre de 2020, en el marco del Proyecto Exilio, impulsado por el Instituto Navarro de la Memoria, que pretende, por un lado, analizar qué significó el exilio y sus consecuencias para la parte de la población navarra que lo sufrió, y por otro, difundir una dimensión de nuestro pasado que ha permanecido oculta durante mucho tiempo. En 2021 ha sido reconocida como Lugar de la Memoria Histórica de Navarra.
Babesaren muga, es un título que se refiere a aquellas personas que son acogidas en otro territorio en el que su protección está condicionada a que permanezcan dentro de esos límites geográficos.
Se compone de dos partes, una exterior que representa a quien protege y otra interior que lo hace al protegido/a. Sin embargo, dicha protección está supeditada a que se mantenga dentro de los citados límites, en este caso, los del Estado francés. Además, se representa el mojón o mugarri 117, en Bearzun, uno de los lugares más frecuentes de paso.
Historia
El exilio fue una de las consecuencias más dramáticas del golpe militar de 1936. Ante la enorme dimensión de la violencia desplegada contra quienes fueron señalados como enemigos por los sublevados, cientos de personas decidieron abandonar sus lugares de residencia, dejando atrás bienes, profesiones, relaciones y buena parte de la propia historia personal. Se embarcaron en un destino incierto, llegando a zona leal en unos casos o cruzando la frontera en otros muchos. Una vez en Francia, las autoridades francesas dirigieron a la mayoría hacia Cataluña, donde experimentaron el cruce de la frontera por segunda vez en el contexto de la Retirada, en febrero de 1939. La mayoría conocieron los llamados campos de la vergüenza, en las playas mediterráneas de Francia, y fueron distribuidos por nuevos campos de internamiento, especialmente el de Gurs. Con la llegada de la II Guerra Mundial una parte decidió asumir los riesgos del regreso y quienes pudieron se embarcaron con destino a América, para ser acogidos en países como México, Venezuela, Chile, Argentina o Paraguay.
El 30 de octubre de 2017, el Gobierno de Navarra instaló un monumento en el campo de Gurs: “En memoria de las navarras y navarros que, huyendo de la violencia y la injusticia del franquismo, fueron internados en el campo de concentración de Gurs. (1939-1945)”, que puede entenderse como el punto de partida de este proyecto en torno al exilio.
Desde 2020, el Proyecto Exilio, una propuesta transversal del Instituto Navarro de la Memoria, pretende investigar y difundir las todavía poco conocidas experiencias del exilio por parte de quienes lo sufrieron y favorecer la reflexión en la sociedad navarra en torno a esta realidad. El proyecto está diseñado en torno a cuatro ámbitos de trabajo: investigación para fortalecer el derecho a la verdad que tienen las víctimas; divulgación de lo que supuso el exilio, no solo entre las personas que lo sufrieron, sino entre toda la sociedad navarra; transmisión de la memoria, dentro del programa Escuelas con Memoria, a las generaciones más jóvenes que saben de los exilios actuales y de la situación de las personas refugiadas; y por último, reparación, a partir de un mayor conocimiento sobre el proceso y el sufrimiento de las víctimas.
En este marco, el Instituto Navarro de la Memoria ha elaborado el Censo provisional del exilio navarro (https://pazyconvivencia.navarra.es/censo-exilio), que pretende dimensionar esta experiencia y poner nombre a las personas que tuvieron que marchar, casi 1.400 identificadas. Asimismo, ha instalado la escultura Babesaren Muga en un lugar emblemático, junto al camino que conduce a Bearzun, una de las rutas más habituales para cruzar la frontera. El 19 de septiembre de 2021 se realizó un gran homenaje al exilio navarro en este lugar, con la participación de numerosos familiares de personas exiliadas y las principales autoridades navarras.
Babesaren Muga (la frontera del refugio) es obra de Mikel Iriarte Antxorena, en memoria de las personas que tuvieron que tomar el camino del exilio, huyendo de la violencia franquista, así como de las diferentes redes de solidaridad que se crearon para su protección y ayuda. Fue instalada en noviembre del año 2020 en Elizondo, y reconocida como Lugar de la Memoria Histórica de Navarra en 2021. Su nombre pretende hacer referencia a las personas que han sido acogidas fuera de su territorio, donde su protección está condicionada a su permanencia dentro de unos límites geográficos. La escultura tiene dos partes, una exterior que hace referencia a quien protege, y otra interior que lo hace al protegido/a. Sin embargo, la protección está supeditada a que permanezca dentro de los citados límites geográficos, en este caso, los del Estado francés. La escultura pretende reivindicar asimismo la necesidad de dotar de estatus jurídico a las personas que acceden diariamente a Europa en busca de refugio.
El collado de Berdaitz fue uno de los más utilizados por aquellas personas que emprendieron los caminos del exilio, cuyo mugarri o mojón fronterizo es el número 117. Por ese motivo, también ha sido representado junto a la escultura.