Pirineos, frontera y memoria
Este primer itinerario quiere acercarte a aquellos espacios y lugares de memoria situados en la zona norte de Navarra. Es el primero de varios que se irán añadiendo a esta RED y que irán completando un mapa de espacios, lugares, hitos, recorridos… de la memoria colectiva de Navarra.
En este itinerario encontrarás espacios relacionados con las diferentes temáticas que ofrece esta RED. Podrás acercarte a los lugares y a las traumáticas experiencias que tuvieron que vivir aquellas personas que realizaron trabajos forzados construyendo carreteras y búnkeres. También podrás conocer aquellos lugares, monumentos, placas… erigidos en recuerdo de las personas que sufrieron los asesinatos extrajudiciales, el cautiverio o el exilio…
En definitiva, podrás tener una experiencia directa en aquellos lugares que testimonian o conmemoran hechos relevantes del pasado reciente.
Últimos espacios incorporados
Esta escultura de Mikel Iriarte refleja el sufrimiento y el pesar de las personas asesinadas y represaliadas. Realizada en acero corten e inaugurada el 18 de noviembre de 2018, consta de tres elementos: el principal, donde aparecen dos mujeres abrazadas, una lápida en el suelo de la plaza y unas huellas en suelo que recuerdan a aquellas personas que tomaron el camino del exilio.
La plaza del Ayuntamiento de Bera, como lugar para la colocación de esta escultura, recuerda así aquel 1 de agosto de 1936, en el que el comandante militar de Bera ordenó que si las personas huidas por el alzamiento no regresaban sus familias serían expulsadas del municipio. Esta amenaza se hizo efectiva al día siguiente, cuando una veintena de familias fueron trasladadas en camiones a la frontera y a Gipuzkoa.
En la zona de Lesaka y más concretamente en el monte de Agiña se encuentra un Centro de Resistencia compuesto por un total de 32 elementos. Este Centro fue ejecutado, probablemente, a partir de 1944. En el verano de 2021 un grupo de jóvenes pertenecientes al campo de voluntariado trabajaron en la limpieza de algunos búnkeres y en la prospección del entorno. También se actuó en el conjunto de ruinas de barracones que pertenecían a uno de los campos de prisioneros que construyeron la carretera de Lesaka a Oiartzun, la cual cruza el túnel de Aritxulegi.
La Fortificación del Pirineo se extiende a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Solo en el área de Gipuzkoa y Navarra se levantaron 1.836 búnkeres. Mediante estas construcciones, el franquismo pretendía que los Pirineos se convirtieran en una barrera infranqueable, construyendo para ello centenares de fortificaciones que cubrieron de hormigón sus laderas y valles. El objetivo era defender la Nueva España ante eventuales invasiones desde Francia. Miles de trabajadores, en su mayoría prisioneros del franquismo, fueron obligados a participar en su construcción en terribles condiciones de miseria y violencia.
El proyecto Frontera fortificada en el Pirineo navarro, dentro del programa Escuelas con memoria, tiene por objeto la recuperación de aquellos búnkeres a través de campos de voluntariado juvenil, en un trabajo que aúna memoria y revisión crítica del pasado.
En el municipio de Eugi se encuentra otro tramo de la Fortificación de Pirineo llevada a cabo desde finales de la década de los años 30 y a lo largo de las décadas de los años 40 y 50. En el alto de Urkiaga, cerca de Quinto Real, existen multitud de búnkeres antiaéreos, de ametralladora, refugios y líneas de trinchera. En el año 2021, 25 jóvenes dentro de los campos de voluntariado, trabajaron en la limpieza, recuperación y documentación de las estructuras existentes en el alto de Urkiaga.
La Fortificación del Pirineo se extiende a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Solo en el área de Gipuzkoa y Navarra se levantaron 1.836 búnkeres. Mediante estas construcciones, el franquismo pretendía que los Pirineos se convirtieran en una barrera infranqueable, construyendo para ello centenares de fortificaciones que cubrieron de hormigón sus laderas y valles. El objetivo era defender la Nueva España ante eventuales invasiones desde Francia. Miles de trabajadores, en su mayoría prisioneros del franquismo, fueron obligados a participar en su construcción en terribles condiciones de miseria y violencia.
El proyecto Frontera fortificada en el Pirineo navarro, dentro del programa Escuelas con memoria, tiene por objeto la recuperación de aquellos búnkeres a través de campos de voluntariado juvenil, en un trabajo que aúna memoria y revisión crítica del pasado.
La “Organización Errazu” que aparece con ese nombre en los planos militares, se trata de un conjunto de 9 búnkeres de diferentes tipologías situados en la zona de Erratzu en el valle de Baztán. También existían en las proximidades barracones donde se alojaba a los trabajadores forzados. Estas construcciones fueron realizadas entre 1939 y 1940. En agosto de 2019, 54 jóvenes participaron en un campo internacional de voluntariado en Erratzu, Baztán; prospectando esa área y limpiando tres estructuras y un barracón.
La Fortificación del Pirineo se extiende a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Solo en el área de Gipuzkoa y Navarra se levantaron 1.836 búnkeres. Mediante estas construcciones, el franquismo pretendía que los Pirineos se convirtieran en una barrera infranqueable, construyendo para ello centenares de fortificaciones que cubrieron de hormigón sus laderas y valles. El objetivo era defender la Nueva España ante eventuales invasiones desde Francia. Miles de trabajadores, en su mayoría prisioneros del franquismo, fueron obligados a participar en su construcción en terribles condiciones de miseria y violencia.
El proyecto Frontera fortificada en el Pirineo navarro, dentro del programa Escuelas con memoria, tiene por objeto la recuperación de aquellos búnkeres a través de campos de voluntariado juvenil, en un trabajo que aúna memoria y revisión crítica del pasado.
En el área cercana a Burguete y al collado de Ibañeta se sitúa una parte de la fortificación de la frontera del Pirineo. Existen al menos 6 Centros de Resistencia (que englobaban gran cantidad de asentamientos) en esta zona. Cada uno de estos centros engloba distintas estructuras: varios tipos de búnkeres, refugios y trincheras. En el verano de 2017 se realizaron trabajos de recuperación, documentación y divulgación de parte de estas estructuras mediante un campo de voluntariado juvenil.
La Fortificación del Pirineo se extiende a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Solo en el área de Gipuzkoa y Navarra se levantaron 1.836 búnkeres. Mediante estas construcciones, el franquismo pretendía que los Pirineos se convirtieran en una barrera infranqueable, construyendo para ello centenares de fortificaciones que cubrieron de hormigón sus laderas y valles. El objetivo era defender la “Nueva España” ante eventuales invasiones desde Francia. Miles de trabajadores, en su mayoría prisioneros del franquismo, fueron obligados a participar en su construcción en terribles condiciones de miseria y violencia.
El proyecto Frontera fortificada en el Pirineo navarro, dentro del programa Escuelas con memoria, tiene por objeto la recuperación de aquellos búnkeres a través de campos de voluntariado juvenil, en un trabajo que aúna memoria y revisión crítica del pasado.
En las inmediaciones de Bera existen numerosos búnkeres y estructuras defensivas de la frontera, así como barracones para alojar a quienes los construyeron, tanto mano de obra forzada como soldados de leva. En la fortaleza situada en el monte Gartzin se realizaron tareas de recuperación y documentación en un campo de voluntariado juvenil en agosto de 2020.
La Fortificación del Pirineo se extiende a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Solo en el área de Gipuzkoa y Navarra se levantaron 1.836 búnkeres. Mediante estas construcciones, el franquismo pretendía que los Pirineos se convirtieran en una barrera infranqueable, construyendo para ello centenares de fortificaciones que cubrieron de hormigón sus laderas y valles. El objetivo era defender la Nueva España ante eventuales invasiones desde Francia. Miles de trabajadores, en su mayoría prisioneros del franquismo, fueron obligados a participar en su construcción en terribles condiciones de miseria y violencia.
El proyecto Frontera fortificada en el Pirineo navarro, dentro del programa Escuelas con Memoria, tiene por objeto la recuperación de aquellos búnkeres a través de campos de voluntariado juvenil, en un trabajo que aúna memoria y revisión crítica del pasado.
La sima de Legarrea, en Gaztelu, fue escenario de uno de los crímenes más terribles ocurridos en el marco del ambiente de violencia y terror que vivió Navarra tras la insurrección militar de julio de 1936. Estuvo rodeado de silencio y del hermetismo de los vecinas y vecinas. Todavía hoy en día no están claras las razones del crimen (por prejuicios sociales o por cuestiones políticas), ni se conoce la identidad de los autores o autoras de los asesinatos de Josefa Goñi y seis de sus hijos, que fueron arrojados a la sima.
En 2016, la Sociedad de Ciencias de Aranzadi exhumó sus cuerpos, en el marco del convenio firmado con el Gobierno de Navarra para llevar adelante el Plan de Exhumaciones. Se encontraron todos los cuerpos y fue corroborada su identidad. En 2017 se celebró un acto de homenaje a la familia Sagardia-Goñi en la propia sima y posteriormente en Gaztelu, donde se entregaron los restos a los familiares para su inhumación en el cementerio local y se inauguró la escultura de Mikel Iriarte.
Este sendero recorre la ruta que siguieron los 795 presos del franquismo que escaparon del Fuerte de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938, en una de las mayores fugas de la historia. Solo tres pasaron la frontera, 206 fueron ejecutados sobre el terreno y otros 586, tras ser atrapados, volvieron al fuerte y fueron represaliados (14 fueron juzgados como organizadores y fusilados ese mismo año en los fosos de la Ciudadela de Pamplona).
La GR-225 recrea el camino seguido por Jovino Fernández, que logró atravesar la frontera por Urepel. En 2017, el Gobierno de Navarra, con la ayuda de personas voluntarias, señalizó y balizó este sendero que se ha convertido en un lugar de transmisión intergeneracional de la memoria a través de la experiencia Las botellas de la libertad, en el marco del programa Escuelas con memoria.
Se organiza en torno a cuatro etapas: Fuerte de San Cristóbal-Olabe, Olabe-Saigots, Saigots-Sorogain y Sorogain-Urepel. A lo largo de ellas, se pueden visitar varios espacios memoriales, como la Fosa de Olabe, que ya es Lugar de Memoria Histórica de Navarra.
La Fortificación del Pirineo se extiende a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Solo en el área de Gipuzkoa y Navarra se levantaron 1.836 búnkeres. Mediante estas construcciones, el franquismo pretendía que los Pirineos se convirtieran en una barrera infranqueable, construyendo para ello centenares de fortificaciones que cubrieron de hormigón sus laderas y valles. El objetivo era defender la Nueva España ante eventuales invasiones desde Francia. Miles de trabajadores, en su mayoría prisioneros del franquismo, fueron obligados a participar en su construcción en terribles condiciones de miseria y violencia.
El proyecto Frontera fortificada en el Pirineo navarro, dentro del programa Escuelas con Memoria, tiene por objeto la recuperación de aquellos búnkeres a través de campos de voluntariado juvenil, en un trabajo que aúna memoria y revisión crítica del pasado.
La escultura Babesaren muga (Las lindes del amparo) se levantó en memoria de las personas que tuvieron que tomar el camino del exilio, huyendo de la violencia franquista, pero también quiere recordar las diferentes redes de solidaridad que surgieron para ayudarlas y protegerlas. Realizada por Mikel Iriarte Antxorena, fue instalada en noviembre de 2020, en el marco del Proyecto Exilio, impulsado por el Instituto Navarro de la Memoria, que pretende, por un lado, analizar qué significó el exilio y sus consecuencias para la parte de la población navarra que lo sufrió, y por otro, difundir una dimensión de nuestro pasado que ha permanecido oculta durante mucho tiempo. En 2021 ha sido reconocida como Lugar de la Memoria Histórica de Navarra.
Babesaren muga, es un título que se refiere a aquellas personas que son acogidas en otro territorio en el que su protección está condicionada a que permanezcan dentro de esos límites geográficos.
Se compone de dos partes, una exterior que representa a quien protege y otra interior que lo hace al protegido/a. Sin embargo, dicha protección está supeditada a que se mantenga dentro de los citados límites, en este caso, los del Estado francés. Además, se representa el mojón o mugarri 117, en Bearzun, uno de los lugares más frecuentes de paso.
La escuela de Roncal fue convertida, durante el curso de 1939-1940, en parte del mundo concentracionario franquista, pues utilizada para albergar a los prisioneros del franquismo que trabajaron durante aquellos años en el tramo entre Roncal y Vidángoz, obra relacionada con la construcción de la carretera entre Igal y Vidángoz durante aquellos años. En ella trabajaron, durante dos años, 2.354 prisioneros procedentes, en su mayoría, de Asturias, Barcelona, Bizkaia, Granada y Jaén. En 1941 fueron trasladados a otros lugares para continuar siendo explotados como mano de obra forzada.
En 2017 se colocó una placa para recordar a todos aquellos trabajadores forzados que vivieron y sufrieron en un lugar que debería haber sido siempre un espacio de educación, respeto y convivencia. Este proyecto memorial se desarrolló gracias a la colaboración entre el CP Julián Gayarre/ IESO Erronkari, el Ayuntamiento de Roncal, el Instituto Navarro de la Memoria, el Gobierno de Navarra y la asociación Memoriaren Bideak.
Cecilio Gallego, un militante extremeño de las Juventudes Socialistas Unificadas, fue uno de los prisioneros del Batallón de Trabajadores 127, destinado en Roncal. El franquismo impulsó estos batallones de trabajo forzado para castigar y humillar a los desafectos a su régimen. Después de un intento de fuga, fue ejecutado el 23 de octubre de 1939 e inhumado en la parte posterior del cementerio de Roncal.
El 12 de octubre de 2009, casi 70 años después, se realizó la exhumación de los restos de Cecilio, los cuales fueron entregados en 2012 en un homenaje civil realizado en su localidad de origen, Don Benito (Badajoz). Esta exhumación fue realizada por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, en colaboración con Memoriaren Bideak y el Ayuntamiento de Roncal.
En este lugar fueron enterradas las personas asesinadas en la cantera de Argaitz, que se confesaron antes de morir. El resto fueron inhumados en Batzarleku, en el término de Etxalar. Estas personas procedían de la cárcel de Ondarreta (Gipuzkoa) y habían sido detenidas tras la toma de Irún y Donostia-San Sebastián por las tropas sublevadas.
La Sociedad de Ciencias de Aranzadi realizó en agosto de 2010 una prospección visual del lugar y en 2012, a petición del Ayuntamiento de Bera y de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra-AFFNA-36-NAFSE, realizó la exhumación de siete cuerpos, localizados en dos fosas contiguas. Hasta el momento, se desconoce su identidad.
Este lugar de memoria está situado en la cantera de Argaitz, en la entrada sur de la localidad, próximo a la carretera general. Fue escenario de numerosos asesinatos (al menos 130) de disidentes políticos, procedentes en su mayoría de sacas realizadas en la prisión de Ondarreta (Donostia-San Sebastián) entre septiembre y noviembre de 1936. Por tanto, es uno de los principales lugares de asesinato de toda Navarra. Las víctimas fueron enterradas en el cementerio (donde en 2012 la Sociedad de Ciencias Aranzadi realizó una exhumación) o en el Batzarleku.
En 2018 el Ayuntamiento de Bera colocó un mural que representa los fusilamientos y un panel informativo. En 2019 el Gobierno de Navarra lo declaró Lugar de Memoria Histórica
"Bidegabeko Bidea" (El camino de la injusticia) es una escultura que quiere recordar a los prisioneros del franquismo que construyeron la carretera de Irurita a Eugi entre los años 1939 y 1941. Fue promovida por el Ayuntamiento de Baztan, el pueblo de Irurita, el Instituto Gerónimo de Uztariz y la asociación Memoriaren Bideak, y pretende, asimismo homenajear, reparar, recordar y agradecer a todas aquellas personas que sufrieron en defensa de las libertades.
El uso de trabajos forzados en la construcción de obras públicas fue una de las modalidades de represión utilizada por el régimen franquista para castigar y humillar a quienes perdieron la guerra, como una manera de enseñarles el lugar que iban a ocupar en la Nueva España, construida sobre la premisa de la división permanente entre vencedores y vencidos, sin lugar para la reconciliación.
Se trata de la réplica de un barracón similar a los utilizados para alojar a los trabajadores forzados del franquismo que construyeron la carretera que une los valles de Roncal y Salazar. Fue construido por un grupo de jóvenes de diferentes nacionalidades en 2018, en el marco de un campo de voluntariado internacional impulsado por el Gobierno de Navarra, a través del Instituto Navarro de la Memoria y el Instituto Navarro de Deporte y Juventud.
En esta ruta trabajaron 2.354 prisioneros, procedentes en su mayoría de Asturias, Barcelona, Bizkaia, Granada y Jaén. Durante dos años estuvieron abriendo la caja de la carretera hasta junio de 1941, fecha en la que fueron trasladados a otros lugares.
El barracón se ha convertido en uno de los elementos de visita para jóvenes estudiantes en el contexto del programa Escuelas con Memoria y puede ser visitado libremente.
Fue declarado Lugar de la Memoria Histórica de Navarra en 2019.
Desde 2004, un monolito en el alto del puerto recuerda a los prisioneros del franquismo que trabajaron forzadamente en la construcción de la carretera que une Igal y Vidángoz. Fue impulsado por Memoriaren Bideak, que trabaja en pro de la investigación y de la difusión social de los trabajos forzados en las obras del Pirineo Occidental. En este lugar, y desde su inauguración, se celebra un homenaje anual organizado por Memoriaren Bideak.
El uso de los trabajos forzados de presos y prisioneros en la construcción de obras públicas fue una de las formas de represión y humillación utilizada por el régimen franquista. Por un lado, servía como forma de castigo a los perdedores de la contienda; por otro, de reeducación ideológica y política, mediante la cual se enseñaba a la población vencida el lugar que iban a ocupar en la Nueva España.
Este monolito, junto con el barracón de Igal, fue declarado Lugar de la Memoria Histórica de Navarra en 2019.
En esta carretera, que tenía como objetivo unir Igal, Vidángoz y Roncal, a partir de 1939 trabajaron 2.354 prisioneros procedentes, en su mayoría de Asturias, Barcelona, Bizkaia, Granada y Jaén. Durante cuatro años estos prisioneros abrieron la caja de esta carretera hasta 1941, cuando fueron trasladados a otros lugares.
El régimen franquista utilizó los trabajos forzados en la construcción de obras públicas como una forma de reprimir y humillar a los presos. Comenzó a implantarse cuando cambió sus políticas represivas y empezó a combinar el asesinato de sus adversarios políticos con su sumisión ideológica y su utilización como mano de obra. Por un lado, servía como forma de castigo, de pago o de humillación de los perdedores de la guerra. Por otro, tenía como objetivo la “reeducación” ideológica y política con la que se enseñaba a los vencidos el lugar que iban a ocupar en la Nueva España.
Dos elementos memoriales de esta carretera fueron declarados Lugar de la Memoria Histórica de Navarra en 2019: el barracón de Igal y el monolito del alto de Vidángoz.