El 24 de mayo de 1938, dos presos del penal de San Cristóbal fueron capturados y retenidos en la escuela de Lenarotz, donde les confesó el párroco de Agorreta. Después, fueron conducidos desde el pueblo, por el camino hacia Oiazki, al lugar donde los asesinaron. Los vecinos inhumaron los cuerpos en una fosa en el borde del camino.
Ochenta años más tarde, en la misma fecha en la que fueron ejecutados, fueron exhumados sus restos, gracias a la información que le dieron varios vecinos al investigador Fermín Ezkieta.
Uno de los hombres tenía engarzado en un dedo un anillo fabricado en hueso, en cuyo chatón estaban grabadas dos “G” opuestas en diagonal. Sin embargo, ninguno de los dos ha podido todavía ser identificado.
Historia
El 24 de mayo de 1938, dos presos fueron capturados y retenidos en la escuela de Leranotz, donde los confesó el párroco de Agorreta. Desde el pueblo fueron conducidos, por el camino hacia Oiazki, al lugar donde fueron asesinados. Los vecinos inhumaron los cuerpos en una fosa en el borde del camino.
80 años más tarde, el mismo día en el que fueron asesinados, fueron exhumados los restos de estas dos personas, gracias a la información que varios vecinos de Leranotz transmitieron al investigador Fermín Ezkieta. En el marco del programa Escuelas con Memoria, alumnos y alumnas del colegio Ezkaba de Ansoáin asistieron a los trabajos de exhumación después de un intenso trabajo previo, en una experiencia pionera. El programa ofrece la oportunidad de que el alumnado visite las exhumaciones y tenga la oportunidad de dialogar con informantes, familiares y con el equipo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. De esta manera, sirve como espacio para la reflexión crítica sobre las gravísimas vulneraciones de derechos humanos que ocurrieron en Navarra como consecuencia del golpe militar de 1936.
Uno de los individuos exhumados tenía engarzado en un dedo un anillo fabricado en hueso, en cuyo chatón están grabadas dos “G” opuestas en diagonal. Pese a ello, estas personas todavía no han podido ser identificadas.