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En los días posteriores a la gran fuga del penal de San Cristóbal, en 1938, tres de los presos huidos fueron fusilados y enterrados en el paraje Artadizoko de Elía. Al parecer, el grupo, que emprendió la huida hacia el noreste, con el fin de atravesar los valles de Egüés, Arce y el valle de Erro, lo conformaba un hombre más que consiguió huir.
En 2015, la asociación Txinparta-Fuerte San Cristóbal y el Ayuntamiento del Valle de Egüés promovieron la exhumación de sus cuerpos por parte de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Los análisis genéticos determinaron que uno de ellos era Vicente Mainz Landa, electricista y molinero de Vidángoz, afiliado a la UGT. Fue detenido los días posteriores al golpe de estado, juzgado y sentenciado por un consejo de guerra por un delito de rebelión militar. Le condenaron a reclusión perpetua y fue encarcelado en el Fuerte de San Cristóbal hasta su fuga y su trágico final.
En 2017 el Ayuntamiento del Valle de Egués instaló una placa en memoria de los presos allí asesinados.
Historia
Las pésimas condiciones de vida en el Fuerte de San Cristóbal provocaron que el 22 de mayo de 1938 se produjera una gran fuga, en la que participaron 795 presos. Su objetivo era alcanzar la frontera, por lo que la mayoría huyeron en dirección al norte. Sin embargo, un reducido grupo tomó el camino del este, probablemente con el objetivo de aproximarse a la muga por zonas menos vigiladas. Un grupo de tres presos fue detenido en Elía (Valle de Egués), y posteriormente fueron asesinados en el paraje Artadizoko, donde fueron enterrados. Al parecer, un cuarto fugado consiguió escapar, aunque hay indicios de que fue capturado y asesinado poco más tarde.
En 2015, la asociación Txinparta-Fuerte San Cristóbal y el Ayuntamiento del Valle de Egüés promovieron la exhumación de sus cuerpos por parte de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Los análisis genéticos posteriores determinaron que uno de ellos era Vicente Mainz Landa. Nacido en abril de 1907, era electricista y molinero en la Sociedad Molino Harinera de Vidángoz. Afiliado a UGT, fue detenido en los primeros días tras el golpe de estado militar, acusado de tener una pistola y de ser propagandista sindical. Condenado a 30 años por rebelión militar en la causa 95-936, fue conducido al Fuerte de San Cristóbal el 8 de agosto de 1937, de donde escapó en la gran fuga, cuando tenía 21 años.
En 2017 el Ayuntamiento del Valle de Egués instaló una placa en memoria de los presos allí asesinados.