En esta localidad bajonavarra se encuentra el punto final del camino seguido por Jovino Fernández González, uno de los tres presos que lograron cruzar la frontera tras la fuga del Fuerte de San Cristóbal, en 1938. Tan solo el salmantino Valentín Lorenzo y el segoviano José Marinero consiguieron también atravesarla. Tras hacerlo, Jovino Fernández volvió a Barcelona para seguir luchando contra el fascismo.
Por ese motivo, aquí termina el GR-225, el sendero de gran recorrido que balizó y señalizó en 2017 el Gobierno de Navarra para recrear aquel camino, que es recorrido por multitud de senderistas que quieren hacer memoria de aquella trágica gesta.
A Urepel llega la marcha Las botellas de la libertad, dentro del programa Escuelas con memoria que lleva a cabo el Instituto Navarro de la Memoria. En ella, cientos de estudiantes de centros educativos navarros recorren dos etapas, llevando como testigo unas botellas que contienen fotografías y textos alusivos a presos fugados. Estas botellas rememoran aquellas con las que eran enterrados los presos en el Cementerio de las Botellas, y quieren convertirse así en símbolo de libertad y memoria.
Historia
Urepel es la localidad bajonavarra por la que Jovino Fernández cruzó la frontera francesa huyendo de sus perseguidores tras haberse fugado del Fuerte de San Cristóbal. El 22 de mayo de 1938 se produjo la mayor fuga de la historia de Europa. 795 presos salieron aquel domingo a la tarde noche del Fuerte de San Cristóbal con la intención de cruzar la frontera, pero 206 fueron ejecutados sobre el terreno y 586 capturados. Los devolvieron al fuerte y alguno de ellos fueron represaliados (14 fueron juzgados como organizadores y ejectuados en los fosos de la Ciudadela de Pamplona). Solo tres de los fugados consiguieron pasar la frontera.
Jovino Fernández González fue uno de ellos. Nacido en el municipio leonés de Toreno en 1908 e hijo de gentes sencillas, empieza a trabajar con catorce años en las minas de El Bierzo. El advenimiento de la II República lo sorprendio en Santander como albañil y se afilió a la CNT. Cuando volvió a su lugar natal con motivo de la Revolución de 1934 fue encarcelado en León, Astorga y Oviedo. Con la amnistía de 1936 salió a la calle. Tras la sublevación militar de 1936 ingresó en las milicias y el 14 de agosto fue atrapado en el valle de Cayón.
Fue juzgado por la Audiencia de León en 1937 y condenado a muerte, aunque finalmente, la pena fue conmutada por 30 años de reclusión. Para cumplirla, fue trasladado al Fuerte de San Cristóbal en octubre. Tenía entonces 29 años. La tarde del 22 de mayo salió corriendo junto con el resto de sus compañeros, y tras varios días de caminata, consiguió cruzar la frontera, no sin haber librado de milagro el haber sido capturado. A los días volvió a cruzar la frontera a Barcelona para seguir luchando. Allí conoció a Luisa, y con la retirada del Ejército Popular, emigró a Europa donde terminó viviendo en la localidad de Decazeville. No volvió a su León natal hasta después de la muerte de Franco.
El ayuntamiento de Urepel ha creado un centro de interpretación sobre diferentes aspectos relevantes de la zona, en las que se incluye la memoria de la fuga de Ezkaba.