Ezkaba, fuga, represión y memoria
Este quinto itinerario recorre diversas zonas de la mitad norte de Navarra de la mano del sendero GR225 que rememora la fuga del 22 de mayo de 1938. A lo largo de él, podrás conocer diferentes fosas clandestinas donde fueron asesinados 206 presos, así como algunos de los memoriales y monolitos erigidos en recuerdo de quien luchó por conseguir su libertad.
En definitiva, podrás tener una experiencia directa en aquellos lugares que testimonian o conmemoran hechos relevantes del pasado.
Últimos espacios incorporados
Una expedición del grupo de espeleología Satorrak encontró restos humanos, en esta sima de 37 metros de profundidad, en 1985.
Gracias a la investigación de Fermín Ezkieta se pudo conocer que, al menos, cuatro de los presos fugados del Fuerte de San Cristóbal se cruzaron con León Goñi, que les facilitó comida y les indicó la dirección hacia Francia. A dos kilómetros de Espoz fueron capturados dos de ellos y otros dos pudieron haber sido interceptados en las cercanías.
En diciembre de 2012, espeleólogos de Satorrak y miembros de Aranzadi volvieron a acceder a dicha sima, confirmando la presencia de restos óseos humanos en el fondo de la misma. En marzo de 2019, en el marco del Programa de Exhumaciones del Gobierno de Navarra, volvieron a acceder con el objetivo de recuperarlos. Varios de ellos corresponden a un hombre de unos 17 o 19 años. En otra parte de la cavidad se hallaron los restos dispersos de otro esqueleto masculino de unos 25 años. Los cuerpos fueron arrojados intencionalmente a la sima.
El 27 de mayo de 1938, tres presos evadidos del Fuerte de San Cristóbal fueron capturados por varios falangistas. Según relató Fermina Iraizoz, quien recuerda la detención, eran tres jóvenes originarios de Bilbao. Después, fueron conducidos al paraje Landagain y allí los asesinaron y enterraron.
En 1999, con motivo de la ampliación de la carretera, una excavadora encontró los restos de estos fugados y decidieron trasladarlos al osario del cementerio de Etulain. En 2019, la Sociedad de Ciencias de Aranzadi lo inspeccionó y descubrió tres cráneos incompletos que mostraban orificios de entrada o salida de proyectil. La presencia de estos restos confirma tanto el relato del testimonio de Iraizoz como el hecho de que hubo una fosa de evadidos de San Cristóbal en Landagain.
En esta localidad bajonavarra se encuentra el punto final del camino seguido por Jovino Fernández González, uno de los tres presos que lograron cruzar la frontera tras la fuga del Fuerte de San Cristóbal, en 1938. Tan solo el salmantino Valentín Lorenzo y el segoviano José Marinero consiguieron también atravesarla. Tras hacerlo, Jovino Fernández volvió a Barcelona para seguir luchando contra el fascismo.
Por ese motivo, aquí termina el GR-225, el sendero de gran recorrido que balizó y señalizó en 2017 el Gobierno de Navarra para recrear aquel camino, que es recorrido por multitud de senderistas que quieren hacer memoria de aquella trágica gesta.
A Urepel llega la marcha Las botellas de la libertad, dentro del programa Escuelas con memoria que lleva a cabo el Instituto Navarro de la Memoria. En ella, cientos de estudiantes de centros educativos navarros recorren dos etapas, llevando como testigo unas botellas que contienen fotografías y textos alusivos a presos fugados. Estas botellas rememoran aquellas con las que eran enterrados los presos en el Cementerio de las Botellas, y quieren convertirse así en símbolo de libertad y memoria.
La mayor parte de los presos huidos tras la gran fuga del penal de San Cristóbal, en 1938, fueron capturados, y muchos de ellos asesinados. Un grupo de seis presos fue capturado en Burutain cuando se dirigía al norte. Fueron trasladados a la escuela, donde la guardia civil de Olagüe los custodió. Al día siguiente, el 26 de mayo de 1938, día de la Ascensión, tras asistir todos a misa, fueron conducidos hasta el puente de Arleta. El párroco de Etsain los acompañó y les ofreció confesión. Después, el grupo de seis hombres fue ejecutado con ametralladoras.
El testimonio de Martín Laguardia, aportado por la Coordinadora Amapola del Camino, permitió localizar el lugar donde fueron enterrados. Martín, vecino de Burutain, presenció, junto a otros niños, su asesinato desde el otro lado del río y la carretera. Sus cuerpos fueron inhumados por los vecinos de Burutain en una fosa a modo de zanja.
En abril de 2017, dentro del Programa de Exhumaciones del Gobierno de Navarra, se prospectó y exhumó esta fosa, donde aparecieron los restos de estos seis presos fugados, menores de 25 años según los análisis forenses. Los restos todavía no han podido ser identificados.
A esta exhumación asistieron por vez primera alumnos y alumnas en el marco del programa Escuelas con Memoria, en este caso de los institutos Iturrama BHI y Alaitz BHI.
Muchos de los presos que escaparon en la histórica fuga del penal de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938 se adentraron en el valle de Esteribar, con el objetivo de tratar de alcanzar la frontera francesa. Gracias al testimonio de Gertu Zubiri, nacida en Usetxi en 1928, sabemos que los cuerpos hallados en esta fosa corresponden a tres de los presos fugados, ya que recuerda a su madre dándoles de comer, antes de que fueran asesinados el 28 de mayo en el pastizal de Patzaranzokoeta. Varios vecinos se encargaron después de enterrarlos.
La fosa fue exhumada en septiembre de 2016, dentro del Programa de Exhumaciones del Gobierno de Navarra. En ella se localizaron los restos de dos hombres de menos de 25 años y los de un tercero que podría tener en el momento de su muerte entre 27 y 32 años. También se recuperaron junto a ellos la cremallera de uno de sus jerséis y un dedal, recuperado en el costado izquierdo de otro de los cuerpos.
En 2020, gracias al Banco de ADN, se identificó a Ramón Haro Gómez, natural de Encinas de Abajo, Salamanca, como uno de los presos asesinados y enterrados en la fosa de Usetxi. Ramón llegó al penal de San Cristóbal el 19 de junio de 1937, cuando tenía 25 años, junto con su hermano Hilario y otros cinco vecinos de su pueblo.
Durante la gran fuga de presos del penal de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938, aunque la mayoría optaron por dirigirse hacia el norte, algunos presos descendieron el monte Ezkaba por la ladera sur.
Según varios testimonios, en el término de Berriozar fueron capturados cinco evadidos. Se cree que los encarcelaron en las escuelas de dicha localidad y después de conducirlos por la subida del Camino del Agua hasta el paraje de Esparceta, fueron asesinados. Los vecinos se encargaron de enterrar sus cuerpos en esta fosa.
Esta fosa fue exhumada por la Sociedad de Ciencias Aranzadi el 18 de abril de 2015, a iniciativa de Ahaztuak 1936-1977 y el Ayuntamiento de Berriozar. Las muestras genéticas tomadas entonces han permitido al Banco de ADN del Gobierno de Navarra identificar a Vicente Mejuto Leis, de Cee (A Coruña), como uno de los presos allí inhumados.
Durante varios años, un proyecto comunitario de aprendizaje-servicio con jóvenes de Berriozar organizados en torno al Gaztegune, apoyado también por el Instituto de Berriozar, ha permitido crear en el lugar un parque de memoria diseñado y desarrollado por este grupo de jóvenes. La experiencia se recoge en el libro Escuelas con Memoria, editado por el Instituto Navarro de la Memoria.
Los presos fugados del Fuerte de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938 intentaron alcanzar la frontera. Aunque la mayoría fueron detenidos previamente, algunos grupos reducidos alcanzaron el valle de Esteribar e intentaron llegar a Francia a través del valle de Erro.
Dos fugados del Fuerte de San Cristóbal fueron interceptados, en 1938, en el paraje de Oianeder, entre Erro y Lintzoain, cuando se encontraban muy cerca ya de la frontera. Allí fueron asesinados, y los vecinos trasladaron los cuerpos hasta el cementerio de Lintzoain, donde los enterraron.
Se trata de la fosa más alejada del Fuerte que se ha encontrado hasta el momento. En 2017, en el marco del Programa de Exhumaciones del Gobierno de Navarra, fue exhumada, pero los restos aún no han sido identificados. En ella se encontraron dos individuos con las manos juntas y cerradas por delante del tórax, ya que estaban maniatados. Según los testimonios locales, uno de ellos podría ser de origen vizcaíno.
En el cementerio de Urtasun fueron enterrados seis presos fugados del Fuerte de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938. Tres de ellos fueron apresados en Eugui, en el alto de Gurutxaga. A mitad de trayecto había un puesto de carabineros y les detuvieron. Los trasladaron entonces a Urtasun, donde los ejecutaron junto al puente el 28 de mayo de 1938.
En el paraje de Bardegi, fue interceptado también otro grupo de seis fugados. Dos fueron capturados y llevados a Iragi, donde Jesús Linzoain, vecino, los recordaba maniatados, antes de su fusilamiento en Urtasun. Varios vecinos del pueblo trasladaron los cadáveres al cementerio, donde fueron inhumados en una fosa común.
La familia de Andrés Zudaire, vecino de Azagra y que había desaparecido tras la fuga, sospechó que podría encontrarse en ella y, ya en 1978, intervino y exhumó algunos restos.
En junio de 2017, en el marco del Programa de eExhumaciones del Gobierno de Navarra, la Sociedad de Ciencias Aranzadi exhumó la fosa completa. El análisis genético confirmó que uno de los cuerpos era de Zudaire. Sus restos fueron entregados por el Gobierno de Navarra a la familia el 27 de mayo de 2018 para ser inhumados en el cementerio de su pueblo.
Muchos de los presos que escaparon en la histórica fuga del penal de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938 se adentraron en el valle de Esteribar, con el objetivo de tratar de alcanzar la frontera francesa, que se halla a cerca de 50 kilómetros de Pamplona.
Tres de los fugados fueron detenidos en Urdániz, donde permanecieron unas horas y fueron asesinados al día siguiente de la fuga en el paraje de Kaskaxu. Uno de los cuerpos se encontró en el río, por lo que, seguramente, trató de escapar. Es posible que dos de los fugados fueran asturianos, uno de los cuales estuvo detenido en la casa de la maestra, y el tercero, gallego. Sin embargo, todavía no han podido ser identificados genéticamente.
La fosa fue exhumada el 16 de marzo de 2018, gracias al testimonio de Teodoro Esteban, de 85 años, quien había trabajado como pastor en la zona.
En los días posteriores a la gran fuga del penal de San Cristóbal, en 1938, tres de los presos huidos fueron fusilados y enterrados en el paraje Artadizoko de Elía. Al parecer, el grupo, que emprendió la huida hacia el noreste, con el fin de atravesar los valles de Egüés, Arce y el valle de Erro, lo conformaba un hombre más que consiguió huir.
En 2015, la asociación Txinparta-Fuerte San Cristóbal y el Ayuntamiento del Valle de Egüés promovieron la exhumación de sus cuerpos por parte de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Los análisis genéticos determinaron que uno de ellos era Vicente Mainz Landa, electricista y molinero de Vidángoz, afiliado a la UGT. Fue detenido los días posteriores al golpe de estado, juzgado y sentenciado por un consejo de guerra por un delito de rebelión militar. Le condenaron a reclusión perpetua y fue encarcelado en el Fuerte de San Cristóbal hasta su fuga y su trágico final.
En 2017 el Ayuntamiento del Valle de Egués instaló una placa en memoria de los presos allí asesinados.
Se trata de la fosa común más grande hasta ahora exhumada en relación a la represión desatada tras la gran fuga del penal del Fuerte de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938. 795 reclusos huyeron monte a través intentando llegar a Francia. Sin embargo, la persecución se organizó rápidamente, lo que anuló las posibilidades de éxito. Únicamente tres fugados lograron atravesar la frontera. La mayoría fueron detenidos, pero 206 presos fueron asesinados extrajudicialmente y enterrados en campos, montes y cementerios. Estas personas fueron seleccionadas arbitrariamente, ya que no habían hecho nada diferente que el resto de fugados. Se trataba, por tanto, de infringir un castigo indiscriminado.
En la Fosa de Olabe se enterraron los cuerpos de dieciséis fugados, que todavía no han podido ser identificados. Su exhumación se realizó en febrero de 2016. Posteriormente, en 2017 el ayuntamiento de Oláibar ha erigido en el lugar un espacio conmemorativo que recuerda a estas dieciséis personas, en el que se realizan actos memorialistas y también del programa “Escuelas con memoria”. De esta manera, ese espacio de terror ha sido resignificado como espacio para la convivencia y la memoria.
El conjunto memorial se erige en torno a la cárcava en la que estaban enterrados los dieciséis restos exhumados en 2016, que está protegida y rodeada por una soga apoyada en varios soportes de madera. A sus pies hay un monumento en acero cortén con dieciséis vanos que representan a los asesinados en el lugar. El conjunto se completa con un monolito. El espacio que lo rodea ha sido acondicionado con un suelo de arena.
Gracias al testimonio de Paulina Lizoain, pudo localizarse y exhumarse en julio de 2018 en el exterior del cementerio de Larrasoaña una fosa en la que habían sido inhumados cuatro presos fugados del Fuerte de San Cristóbal. Paulina recordaba que, en 1938, cuando regresaba de la escuela, supo que la Guardia Civil había ejecutado a varios presos fugados del penal de San Cristóbal que habían sido detenidos en Larrasoaña. Acudió al cementerio y vio que varios vecinos, entre los que estaba su padre, los estaban enterrando. Conocía la ubicación exacta de la fosa, y gracias a su testimonio pudo ser localizada.
De los cuatro cuerpos exhumados, dos han podido ser identificados gracias al banco de ADN del Gobierno de Navarra: Leoncio de la Fuente Ramón, nacido en Fresno el Viejo, Valladolid, y Emiliano Miguel Portugal, nacido en Santibáñez de Esgueva (Burgos) y vecino de Dueñas (Palencia).
El 22 de mayo de 1988 se inauguró este monolito erigido en la cresta del monte Ezkaba, junto a la penúltima curva de la carretera de acceso al fuerte, con motivo del 50 aniversario de la histórica fuga del penal de San Cristóbal, en 1938.
Su realización se encargó a estudiantes-aprendices de cantería y fue costeado por el Concejo de Ansoáin (promotor de la iniciativa), el Ayuntamiento de la Cendea de Ansoáin, el Concejo de Berriozar y la Coordinadora Cultural de este mismo pueblo.
El monumento sufrió a lo largo de los años frecuentes agresiones fascistas. En 2018, fue renovado y reinaugurado tras su reconstrucción, gracias a una moción aprobada en el Ayuntamiento de Ansoáin que presentó la asociación Txinparta-Fuerte San Cristóbal. tSe sumaron al proyecto los Ayuntamientos de Ansoáin, Berrioplano, Berriozar y Ezkabarte.
En el monolito se puede leer: “Por la libertad y la República dieron la vida. Fugados de la Prisión Central de San Cristóbal. 22-5-1938”.
Esta fortificación, construida entre 1878 y 1919 en la cima del monte Ezkaba, horadada en la roca, enterrada y protegida, se convirtió en prisión tras el levantamiento revolucionario de 1934. Miles de hombres, la mayor parte presos políticos, fueron encarcelados y hacinados en ese lugar, en condiciones deplorables. Tras la insurrección militar de 1936, el número de personas reclusas aumentó exponencialmente, y se estima que pudieron ser más de 7.000. Desde 1940 hasta su cierre en 1945 fue utilizada como sanatorio penitenciario.
No hay un dato exacto de los fallecidos en relación al penal, pero distintas fuentes cuentan por centenares los presos asesinados, desaparecidos o que murieron por las durísimas condiciones en las que transcurría su vida allí.
En 2001, el fuerte, propiedad del ejército, fue declarado Bien de Interés Cultural por la Dirección General de Bellas Artes.
Este sendero recorre la ruta que siguieron los 795 presos del franquismo que escaparon del Fuerte de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938, en una de las mayores fugas de la historia. Solo tres pasaron la frontera, 206 fueron ejecutados sobre el terreno y otros 586, tras ser atrapados, volvieron al fuerte y fueron represaliados (14 fueron juzgados como organizadores y fusilados ese mismo año en los fosos de la Ciudadela de Pamplona).
La GR-225 recrea el camino seguido por Jovino Fernández, que logró atravesar la frontera por Urepel. En 2017, el Gobierno de Navarra, con la ayuda de personas voluntarias, señalizó y balizó este sendero que se ha convertido en un lugar de transmisión intergeneracional de la memoria a través de la experiencia Las botellas de la libertad, en el marco del programa Escuelas con memoria.
Se organiza en torno a cuatro etapas: Fuerte de San Cristóbal-Olabe, Olabe-Saigots, Saigots-Sorogain y Sorogain-Urepel. A lo largo de ellas, se pueden visitar varios espacios memoriales, como la Fosa de Olabe, que ya es Lugar de Memoria Histórica de Navarra.