Carretera Igal-Vidangoz
Perfil de Elevación
Desde el inicio de la Guerra Civil, los sublevados mostraron gran interés por controlar la frontera pirenaica en previsión de una eventual invasión aliada. Así, el franquismo construyó centenares de fortificaciones en sus laderas y valles.
Un elemento fundamental de la fortificación fue la construcción de carreteras y pistas de montaña para unir los diferentes valles, de oeste a este, y acceder a los búnkeres, observatorios, refugios, barracones, etc.
En 1939 se inició la construcción de la carretera Igal-Vidángoz. Trabajaron en ella 2.354 hombres encuadrados en los Batallones de Trabajadores 106 y 127 y los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores 6 y 38.
Desde el inicio de la Guerra Civil, los sublevados mostraron gran interés por controlar la frontera pirenaica en previsión de una eventual invasión aliada. Así, el franquismo construyó centenares de fortificaciones en sus laderas y valles.
Un elemento fundamental de la fortificación fue la construcción de carreteras y pistas de montaña para unir los diferentes valles, de oeste a este, y acceder a los búnkeres, observatorios, refugios, barracones, etc.
En 1939 se inició la construcción de la carretera Igal-Vidángoz. Trabajaron en ella 2.354 hombres encuadrados en los Batallones de Trabajadores 106 y 127 y los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores 6 y 38.

CONSTRUYENDO LA “FRONTERA INFRANQUEABLE” PIRENAICA
Desde el inicio de la Guerra Civil española, los sublevados mostraron gran interés por controlar la frontera francesa, en previsión de una eventual invasión aliada. Soldados, milicias de Falange y Requeté patrullaron la muga, y se construyeron centenares de fortificaciones en sus laderas y valles, dando inicio a décadas de fuerte presencia militar en todo el Pirineo al querer convertirlo en una barrera infranqueable.
Esta fortificación se desarrolló en dos grandes fases. La primera abarcaba la frontera vasco-navarra y la catalana entre 1939 y 1940 (Organización Defensiva de la Frontera Pirenaica). A partir de 1944 se ejecutó la segunda, que cubría el conjunto del Pirineo, incluido el aragonés (Organización Defensiva del Pirineo) y cuyos trabajos se prolongaron hasta 1958. Estructurada a través de 169 Centros de Resistencia (CR), se extendía a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo.
Un elemento fundamental de la fortificación era la construcción de carreteras y pistas de montaña. Su objetivo era unir los diferentes valles pirenaicos, de oeste a este, y facilitar el acceso a los propios búnkeres, observatorios, refugios, barracones, etc.

LA ORGANIZACIÓN DEFENSIVA DE LA FRONTERA PIRENAICA
Aún sin haber ganado la guerra, los sublevados comenzaron a pensar en el Nuevo Estado que iban a crear y en cómo encajaría este en la incierta situación internacional. Con la II Guerra Mundial en el horizonte y con las democracias occidentales como enemigas, Franco optó por una estrategia preventiva, convencido de que con una estructura defensiva por todo el Pirineo lograría frenar una posible invasión extranjera. En Navarra se identificaron 8 "zonas de penetración", en las que se empezó a usar el trabajo de miles de cautivos encuadrados en los Batallones de Trabajadores (BB.TT.) desde junio de 1939.
Impulsada desde 1937, se construyó la conocida como Organización Defensiva de la Frontera Pirenaica, denominación empleada hasta mediados de los cuarenta, cuando se empezó a consolidar como Organización Defensiva de los Pirineos. Se estructuraba en una zona principal de resistencia con dirección de vanguardia a retaguardia, seguida de otra con menos estructuras, con algunos asentamientos de artillería y, a continuación, el resto de los asentamientos artilleros.
En el caso de la carretera de Igal se emplearon a los prisioneros de los BB.TT. 106 y 127 y los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores 6 y 38 hasta un total de 2.354 hombres. Con el objetivo de controlar la frontera de las zonas pirenaicas y la fortificación de la misma, los contingentes militares franquistas se instalaron en el territorio de forma masiva a lo largo de más de 20 años, desde el mismo inicio de la Guerra Civil.

EL IMPACTO SOCIAL DE LA MILITARIZACIÓN
Con el objetivo de controlar la frontera pirenaica y su fortificación, el Pirineo fue militarizado y la población local sufrió directamente las consecuencias. Las autoridades militares dispusieron a su antojo de los bienes públicos y privados. “No mandabas ni en lo tuyo”, recuerda María Jáuregui, vecina de Igal.
Se ocuparon tierras y edificios para albergar a los soldados y prisioneros. Los oficiales, en cambio, se alojaron en casas privadas, y los militares utilizaron las cuadras, los mulos y hasta los vehículos de los paisanos que, en ocasiones, tuvieron que ocuparse de la manutención de los soldados.
La militarización afectó también a los bosques. Para la construcción de los barracones se talaron gran cantidad de árboles, al margen de la regulación comunal de explotación forestal. En Vidángoz, el Ayuntamiento se quejaba en 1940 de que “se ve hoy los dos mejores montes comunales, poblados de robles hace diez meses, completamente arrasados”. Por otro lado, se impusieron restricciones a la movilidad y a la caza, esenciales para la economía local.
Además, la vida cotidiana se vió afectada por la imposición de los rituales y simbología de la dictadura. La presencia militar conllevaba cánticos de himnos, desfiles, colectas a favor de la División Azul, sanciones discrecionales...

LA FORTIFICACIÓN DEL PIRINEO Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DE MEMORIA
Ocultas entre la maleza, estas estructuras de hormigón que salpican la frontera pirenaica emergen como una oportunidad para impulsar políticas públicas de memoria que, partiendo del conocimiento de los procesos traumáticos y de violencia política del pasado y del presente, fortalezcan y transmitan valores democráticos. Políticas sustentadas en el respeto a los derechos humanos a partir de una memoria crítica hacia quien se alzó contra la legalidad de la II República y basó su gobierno en la represión y la violencia.
Espacios de la ruta
En esta carretera, que tenía como objetivo unir Igal, Vidángoz y Roncal, a partir de 1939 trabajaron 2.354 prisioneros procedentes, en su mayoría de Asturias, Barcelona, Bizkaia, Granada y Jaén. Durante cuatro años estos prisioneros abrieron la caja de esta carretera hasta 1941, cuando fueron trasladados a otros lugares.
El régimen franquista utilizó los trabajos forzados en la construcción de obras públicas como una forma de reprimir y humillar a los presos. Comenzó a implantarse cuando cambió sus políticas represivas y empezó a combinar el asesinato de sus adversarios políticos con su sumisión ideológica y su utilización como mano de obra. Por un lado, servía como forma de castigo, de pago o de humillación de los perdedores de la guerra. Por otro, tenía como objetivo la “reeducación” ideológica y política con la que se enseñaba a los vencidos el lugar que iban a ocupar en la Nueva España.
Dos elementos memoriales de esta carretera fueron declarados Lugar de la Memoria Histórica de Navarra en 2019: el barracón de Igal y el monolito del alto de Vidángoz.
Desde 2004, un monolito en el alto del puerto recuerda a los prisioneros del franquismo que trabajaron forzadamente en la construcción de la carretera que une Igal y Vidángoz. Fue impulsado por Memoriaren Bideak, que trabaja en pro de la investigación y de la difusión social de los trabajos forzados en las obras del Pirineo Occidental. En este lugar, y desde su inauguración, se celebra un homenaje anual organizado por Memoriaren Bideak.
El uso de los trabajos forzados de presos y prisioneros en la construcción de obras públicas fue una de las formas de represión y humillación utilizada por el régimen franquista. Por un lado, servía como forma de castigo a los perdedores de la contienda; por otro, de reeducación ideológica y política, mediante la cual se enseñaba a la población vencida el lugar que iban a ocupar en la Nueva España.
Este monolito, junto con el barracón de Igal, fue declarado Lugar de la Memoria Histórica de Navarra en 2019.
Se trata de la réplica de un barracón similar a los utilizados para alojar a los trabajadores forzados del franquismo que construyeron la carretera que une los valles de Roncal y Salazar. Fue construido por un grupo de jóvenes de diferentes nacionalidades en 2018, en el marco de un campo de voluntariado internacional impulsado por el Gobierno de Navarra, a través del Instituto Navarro de la Memoria y el Instituto Navarro de Deporte y Juventud.
En esta ruta trabajaron 2.354 prisioneros, procedentes en su mayoría de Asturias, Barcelona, Bizkaia, Granada y Jaén. Durante dos años estuvieron abriendo la caja de la carretera hasta junio de 1941, fecha en la que fueron trasladados a otros lugares.
El barracón se ha convertido en uno de los elementos de visita para jóvenes estudiantes en el contexto del programa Escuelas con Memoria y puede ser visitado libremente.
Fue declarado Lugar de la Memoria Histórica de Navarra en 2019.