Carretera de Egozkue
Perfil de Elevación
El 18 de julio de 1936, un grupo de militares, milicias carlistas y falangistas dio un golpe militar contra el gobierno legítimo de la II República española, tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero. El levantamiento fracasó, desembocando en una larga guerra civil que duraría hasta el 1 de abril de 1939. El balance de los casi tres años de contienda fue un país devastado y la instauración de una dictadura que se prolongó casi 40 años.
El 18 de julio de 1936, un grupo de militares, milicias carlistas y falangistas dio un golpe militar contra el gobierno legítimo de la II República española, tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero. El levantamiento fracasó, desembocando en una larga guerra civil que duraría hasta el 1 de abril de 1939. El balance de los casi tres años de contienda fue un país devastado y la instauración de una dictadura que se prolongó casi 40 años.

TODA UNA RED DE CARRETERAS Y PISTAS DE MONTAÑA
La fortificación se desarrolló en dos grandes fases. La primera abarcaba la frontera del área vasco-navarra y el Pirineo catalán entre 1939 y 1940 (Organización Defensiva de la Frontera Pirenaica). A partir de 1944 se ejecutó la segunda, que cubría el conjunto del Pirineo, incluido el aragonés (Organización Defensiva del Pirineo) y cuyos trabajos se prolongaron hasta 1958. Estructurada a través de 169 Centros de Resistencia (CR), se extendía a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Solo en el área de Gipuzkoa y Navarra se levantaron 1.836 búnkeres. Un elemento fundamental de la fortificación era la construcción de carreteras y pistas de montaña. Su objetivo era unir los diferentes valles pirenaicos, de oeste a este, y facilitar el acceso a los propios búnkeres, observatorios, refugios, barracones, etc. En esta carretera trabajaron los Batallones de Trabajadores 3 y 159, el Batallón Disciplinario 81 y el Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores 14. En torno a 1.985 prisioneros cavaron, picaron y explanaron este puerto de montaña.

Aún sin haber ganado la guerra, los sublevados comenzaron a pensar en el Nuevo Estado que iban a crear y en cómo encajaría este en la incierta situación internacional. Con la II Guerra Mundial en el horizonte y con las democracias occidentales como enemigas, Franco optó por la defensa preventiva, pensando en que plagando de estructuras defensivas todo el Pirineo lograría frenar una posible invasión extranjera. En Navarra se identificaron 8 “zonas de penetración”, en las que se empezó a usar el trabajo de miles de prisioneros encuadrados en los Batallones de Trabajadores (BB.TT.) desde junio de 1939. Impulsada desde 1937, se construyó la conocida como Organización Defensiva de la Frontera Pirenaica, denominación empleada hasta mediados de los años cuarenta, cuando se empezó a consolidar como Organización Defensiva de los Pirineos. Se estructuraba en tres líneas defensivas: una principal de vanguardia, seguida de otra central con menos estructuras y, a continuación, la línea de retaguardia con el resto de los asentamientos artilleros. En esta primera fase, el régimen franquista puso el foco en las vías de comunicación y carreteras.

En Navarra, trabajaron 19 Batallones de Trabajadores entre 1937 y 1940 y 10 Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores entre 1940 y 1945. Integrados cada uno por varios cientos de prisioneros (entre 400 y 1.000). Estuvieron activos en lugares como Bera, Lesaka, Etxalar, Erratzu, Arizkun, Irurita, Eugi, Iragi, Egozkue, Burguete, Roncesvalles, Igal, Vidángoz, Roncal… Un elemento fundamental de la fortificación era la construcción de carreteras y pistas de montaña. Su objetivo era unir los diferentes valles pirenaicos, de oeste a este, y facilitar el acceso a los propios búnkeres, observatorios, refugios, barracones, etc. En esta carretera trabajaron los Batallones de Trabajadores 3 y 159, el Batallón Disciplinario 81 y el Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores 14. En torno a 1.985 prisioneros cavaron, picaron y explanaron este puerto de montaña. Tras la guerra civil, España se enfrentó a una situación de penuria que hizo aún más oneroso este gasto en una infraestructura militar que implicaba no solo el coste de la construcción de los búnkeres, pistas y carreteras y los materiales utilizados en ellas, sino también el mantenimiento de los miles de personas implicadas en las obras. Así, el gasto militar supuso más de un 35% del gasto público durante la mayor parte de los años 40.

TRANSMISIÓN INTERGENERACIONAL DE UNA MEMORIA CRÍTICA
Un marco incomparable se observa desde este alto de Egozkue, lo que no debe hacernos olvidar el origen y desarrollo de la carretera que nos conduce hasta este collado, fruto de un pasado traumático provocado por un golpe militar que dio paso a una guerra y a una dictadura de casi 40 años. El Gobierno de Navarra, a través del Instituto Navarro de la Memoria, nutriéndose del fértil humus asociativo memorialista de su tierra, ha impulsado en los últimos años una intensa labor de investigación, recuperación y puesta en valor de las estructuras defensivas que el régimen franquista construyó por todo el Pirineo.