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Búnkeres de Isaba-Roncal

Perfil de Elevación
905m (1) - 5,17km (2)
45' (1) - 2h (2)
Dificultad: Baja
Desnivel: 42m (1) - 82m (2)

Fronteras de Hormigón propone un viaje por la Fortificación del Pirineo navarro, una impresionante infraestructura defensiva construida en el contexto de la Guerra Civil española y de la II Guerra Mundial. Sus rutas se nos presentan como cicatrices de un pasado violento y traumático que se inició con el golpe militar de 1936. Recorriéndolas, nos podemos acercar a las motivaciones estratégicas del franquismo para construir semejante sinrazón. También a las condiciones de miseria y violencia que sufrieron quienes fueron obligados a levantarla. 

Fronteras de Hormigón propone un viaje por la Fortificación del Pirineo navarro, una impresionante infraestructura defensiva construida en el contexto de la Guerra Civil española y de la II Guerra Mundial. Sus rutas se nos presentan como cicatrices de un pasado violento y traumático que se inició con el golpe militar de 1936. Recorriéndolas, nos podemos acercar a las motivaciones estratégicas del franquismo para construir semejante sinrazón. También a las condiciones de miseria y violencia que sufrieron quienes fueron obligados a levantarla. 


CONSTRUYENDO LA “FRONTERA INFRANQUEABLE” PIRENAICA  

Desde el inicio de la Guerra Civil española, los sublevados mostraron gran interés por controlar la frontera francesa, en previsión de una eventual invasión aliada. Soldados, milicias de Falange y Requeté patrullaron la muga, y se construyen centenares de fortificaciones en sus laderas y valles, dando inicio a décadas de fuerte presencia militar en todo el Pirineo al querer convertirlo en una barrera infranqueable.

LA ORGANIZACIÓN DEFENSIVA DEL PIRINEO

La fortificación se desarrolló en dos grandes fases. La primera abarcaba la frontera del área vasco-navarra y el Pirineo catalán y se lleva a cabo entre 1939 y 1940 (Organización Defensiva de la Frontera Pirenaica). A partir de 1944 se ejecuta la segunda, que abarcaba el conjunto del Pirineo, incluido el aragonés (Organización Defensiva del Pirineo). El fin de la guerra mundial, con la victoria aliada, aceleró los trabajos de esta segunda fase que se prolongaron hasta 1958. Estructurada a través de 169 Centros de Resistencia (CR), se extendía a lo largo de casi 500 kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Solo en el área de Gipuzkoa y Navarra se levantaron 1.836 búnkeres (de los 2.884 que se previeron en un principio). Un elemento fundamental de la fortificación fue la construcción de carreteras y pistas de montaña. Su objetivo era unir de este a oeste los valles pirenaicos, perpendiculares a la cordillera y separados por barreras montañosas y facilitar el acceso a los propios búnkeres, observatorios, refugios, barracones, etc.

A partir de 1944 se produjo un cambio drástico en el proyecto de fortificación. La Organización Defensiva del Pirineo varió el diseño, la duración de la construcción, la mano de obra utilizada y el tipo de estructuras que la conformaban. Tanto es así que, algunos de los elementos que se habían levantado un lustro antes, en agosto, cuando se culminó el proyecto de esta segunda fase con la Instrucción C-15, ya habían sido descartados, no integrándose la mayoría en los nuevos Centros de Resistencia. El contexto internacional también había sufrido un giro radical. La Alemania nazi se encontraba en retirada en todos los frentes, y España pasó de estar a punto de declararse ‘beligerante’ con Hitler a temer una invasión de este (Operación Félix) y una invasión de los aliados (Operación Backbone), para finalmente verse aislada. Cada uno de estos Centros de Resistencia que se pretendieron construir estaban pensados para ser defendidos por un batallón, sirviendo de refuerzo y respaldo a los colindantes. Estaban formados por unos 30 o 40 búnkeres para ametralladora, cañón antitanque o mortero. En este caso, Centro de Resistencia Nº 201: Belagua-Isaba (elementos 15, 41, 16, 42, 5, 6 y 27), fueron limpiados y adecuados en un campo de voluntariado juvenil organizado por el Instituto Navarro de la Memoria y el Instituto Navarro de la Juventud en el año 2022 y 2023.

LA MILITARIZACIÓN DEL PIRINEO Y SUS CONSECUENCIAS

Con el objetivo de controlar la frontera pirenaica y su fortificación, el Pirineo fue militarizado y la población local sufrió directamente las consecuencias. Las autoridades militares dispusieron a su antojo de los bienes públicos y privados. Se ocuparon tierras y edificios para albergar a los soldados y prisioneros. Los oficiales, en cambio, se alojaron en casas privadas, y los militares utilizaron las cuadras, los mulos y hasta los vehículos de los paisanos que, en ocasiones, tuvieron que ocuparse de la manutención de los soldados. La militarización afectó también a los bosques. Para la construcción de los barracones se talaron gran cantidad de árboles, al margen de la regulación comunal de explotación forestal. Por otro lado, se impusieron restricciones a la movilidad y a la caza, esenciales para la economía local. Además, la vida cotidiana se vio afectada por la imposición de los rituales y simbología de la dictadura. La presencia militar conllevó cánticos de himnos, desfiles, colectas a favor de la División Azul, sanciones discrecionales…

LA FORTIFICACIÓN DEL PIRINEO Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DE MEMORIA

Ocultas entre la maleza, estas estructuras de hormigón que salpican la frontera pirenaica emergen como una oportunidad para impulsar políticas públicas de memoria que, partiendo del conocimiento de los procesos traumáticos y de violencia política del pasado y del presente, fortalezcan y transmitan valores democráticos. Políticas sustentadas en el respeto a los derechos humanos a partir de una memoria crítica hacia quien se alzó contra la legalidad de la II República y basó su gobierno en la represión y la violencia. 

Espacios de la ruta