Sakana, simas, represión y memoria

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Este sexto itinerario recorre diversas zonas de la Sakana en las que podrás conocer la historia en torno a las fosas y simas donde fueron arrojadas algunas víctimas de la violencia y represión de la época. También te acercarás a esculturas y otros lugares de homenaje y recuerdo a las personas de este valle que fueron asesinadas entonces, así como a aquellas de otras localidades que murieron en esta zona.

En definitiva, podrás tener una experiencia directa de aquellos lugares que testimonian o conmemoran hechos relevantes del pasado.

Últimos espacios incorporados

Monolito colocado en 2016 en Arbizu detrás de la iglesia. Está compuesto por una piedra sobre las que hay una placa en la que se puede leer en euskera: En recuerdo de los asesinados y represaliados en 1936. Pedro Yabar, Miguel Flores, Juan Lakunza y Ricardo Olejua. El pueblo de Arbizu 1936-2016”.

Fue llevada a cabo por varias personas vecinas de Arbizu a través de la iniciativa Oroimenez Arbizu dentro del 80 aniversario del golpe militar de 1936. Este monolito es un homenaje a las 4 personas asesinadas de este pueblo, pero también a todas aquellas que sufrieron la represión en cualquiera de sus formas.

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Un monolito situado en el parque Sutegi de Olazagutía recuerda a las personas de este pueblo que fueron asesinadas o represaliadas tras el golpe militar de 1936. El parque pasó a llamarse “Parque de la memoria histórica” tras la inauguración del monolito en 2016.

Según los datos que ha ido recopilando la asociación Olazti Memoria Taldea, 17 personas de Olazagutía fueron asesinadas, cinco murieron en el frente y al menos 27 fueron hechas prisioneras y algunas obligadas a trabajar en campos de internamiento. A parte de eso, cinco funcionarios fueron destituidos y sancionados y al menos a once personas les fueron arrebatados sus bienes. A esta lista habría que sumar dos personas refugiadas y once mujeres que fueron maltratadas y humilladas. En total unas 70 personas sufrieron alguna forma de violencia tras la sublevación.

En el monolito se puede leer: “Olazagutía en memoria de las personas asesinadas, encarceladas, perseguidas y represaliadas por defender la libertad y la igualdad social”.

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Trece robles y un monolito recuerdan a las trece personas asesinadas tras el golpe militar de 1936 y a todas las personas del pueblo que sufrieron la represión en sus diferentes formas. En el monolito se puede leer los nombres de quienes perdieron su vida a consecuencia de la represión. Con estos elementos se conformó el Parque de la Memoria histórica en el jardín próximo al castillo.

A las personas asesinadas habría que sumar las que estuvieron encarceladas, una que estuvo en el campo de Gurs, las que sufrieron la represión económica, las mujeres humilladas y maltratadas…

Junto con este acto, el pleno del Ayuntamiento de Ziordia en 2016 reconoció institucionalmente su condición de víctimas del golpe militar franquista y la posterior represión que sufrieron.

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La sima del raso de Urbasa fue escenario en septiembre de 1936 del asesinato de diez republicanos, tres procedentes de las Améscoas y los siete restantes de Sakana. Sus cuerpos fueron arrojados al interior de la sima. En 1962, Mercedes García de Albizu, de Eulate, tuvo la iniciativa de colocar una lápida con los nombres de los tres amescoarras asesinados, uno de ellos su padre Balbino García de Albizu. Se considera que puede ser la marca de memoria más antigua del Estado. Tras la exhumación de 2013 se produjo la identificación de nueve de las diez víctimas, que fueron reinhumadas en 2015. En febrero de 2020 se añadió una nueva lápida con sus nombres.

La lápida añadida en 2017 lleva el sello de Pablo Arrastia, maestro cantero de Arellano. El rediseño del área de cobertura de la sima, la recolocación de la lápida antigua que estaba en precario y la colocación de la nueva fue obra del constructor de Eulate Juan Mari Díaz. Todas las tareas fueron costeadas por los familiares.

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La información histórica y documental afirmaba que el vecino de Olaberria (Gipuzkoa), Marcelo Lasa Zeberio, había sido asesinado el 25 de agosto de 1936, a los 17 años, en el alto de Lizarrusti (límite entre Navarra y Gipuzkoa).

Un sobrino de Marcelo inició el proceso de investigación sobre el posible paradero de su tío. Con la información que se conocía a través de una publicación en 1966, “El pueblo vasco frente a la cruzada franquista” y con el inestimable testimonio de Patxi Lacunza que siendo un niño oyó las detonaciones y vio el cadáver; se pudo localizar el lugar de enterramiento.

El equipo de trabajo de la Sociedad de Ciencias de Aranzadi hizo una primera búsqueda y detección de objetos metálicos y así se hallaron varias vainas y balas Mauser en una zona muy concreta. Se inició la búsqueda de la fosa y apareció a 26 metros de la carretera. Los primeros restos aparecieron de manera muy rápida y se realizó la exhumación de los mismos. Estaban alterados por la humedad y por las raíces de los árboles. Se pudo reconocer la posición del cuerpo con las piernas estiradas. El cotejo de las muestras genéticas tomadas concluyó que se trataba de Marcelo Lasa Zeberio.

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En 2021 se inauguró una escultura de Miren Ustarroz situada en la “Herriko seme alaben plaza” de Uharte Arakil que recuerda a todas las personas represaliadas tras el golpe militar de 1936. El Ayuntamiento de Uharte Arakil y el colectivo Uharte Arakil, 80 urte memoria galtzen, impulsaron la recuperación de la memoria del alcalde republicano Silverio Astiz Lacunza y otros asesinados en 1936. También fueron asesinados Silverio Astiz Ezcurdia (hijo del alcalde) y Víctor Martirena Alegría. Estas tres personas fueron declaradas hijos predilectos de Uharte Arakil en 2016 y desde entonces, se les realiza un homenaje.

Siempre se había pensado que estas tres personas habían sido enterradas en la fosa de Ibero, pero hasta la fecha sólo se han encontrado los restos de Víctor Martirena, que fueron los primeros en aparecer en la exhumación que llevó a cabo la Sociedad de Ciencias de Aranzadi en 2015 en dicho lugar, en el Alto de las Tres Cruces. La identificación por análisis de ADN de Víctor Martirena permite plantear la posibilidad de que también estuvieran las otras dos personas de su pueblo que fueron llevadas allí con él; pero no ha podido ser corroborada por los análisis genéticos.

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Se trata de la principal y más simbólica sima utilizada para arrojar los restos de personas asesinadas como consecuencia de la represión desatada tras el golpe militar de 1936. En el caso de Otsoportillo, las informaciones de que disponemos refieren que fueron asesinadas catorce personas vecinas de Altsasu, Ecala, Olazagutía, Urdiain y Ziordia por sus ideas políticas y por su militancia, en el marco de la limpieza política desarrollada por las fuerzas sublevadas en 1936.

La accesibilidad de la sima provocó que el lugar haya sido alterado en numerosas ocasiones. En 1979 se localizaron catorce restos, y en 1982 los familiares, ante la falta de autorización para cerrar la sima, recogieron los huesos que pudieron rescatar en una caja metálica. Dos procesos de exhumación en 2016 y 2017 han posibilitado la identificación genética de siete víctimas. Desde 1980, una escultura de José Ramón Anda recuerda a quienes allí fueron asesinados, convirtiéndole en espacio de memoria. La escultura ha sufrido actos vandálicos, lo que pone de manifiesto la necesidad de protección del lugar, un conjunto formado por el acceso a la sima, que está clausurada, y la escultura de Anda, que de alguna manera protege ese acceso. 

La Sima de Otsoportillo tiene una relevancia memorialista indudable. Todos los años se celebra en el lugar un acto multitudinario para recuerdo de quienes allí fueron asesinados y en homenaje a todas las personas represaliadas a ambos lados de la Sierra de Urbasa.

La accesibilidad de la sima provocó que el lugar haya sido alterado en numerosas ocasiones. En 1979 se localizaron catorce restos, y en 1982 los familiares, ante la falta de autorización para cerrar la sima, recogieron los huesos que pudieron rescatar en una caja metálica. Dos procesos de exhumación en 2016 y 2017 han posibilitado la identificación genética de siete víctimas. Desde 1980, una escultura de José Ramón Anda recuerda a quienes allí fueron asesinados, convirtiéndole en espacio de memoria. La escultura ha sufrido actos vandálicos, lo que pone de manifiesto la necesidad de protección del lugar, un conjunto formado por el acceso a la sima, que está clausurada, y la escultura de Anda, que de alguna manera protege ese acceso. 

La Sima de Otsoportillo tiene una relevancia memorialista indudable. Todos los años se celebra en el lugar un acto multitudinario para recuerdo de quienes allí fueron asesinados y en homenaje a todas las personas represaliadas a ambos lados de la Sierra de Urbasa.

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Escultura inaugurada en mayo de 2008 que pretende recordar a los prisioneros en batallones de trabajadores. En la placa que hay junto a la escultura se puede leer: “En recuerdo a los prisioneros del franquismo pertenecientes al batallón de trabajadores nº 149 y batallón disciplinario de soldados trabajadores nº 95 que trabajaron en el desdoble de la vía en los años 1938-1939 y 1943-1944 con piedra extraída de la cantera de Orobe, así como a todos los alsasuarras que fueron castigados en batallones de trabajadores bajo la dictadura franquista”.

Fue inaugurada por Isaac Arenal, un comunista madrileño que llegó a Alsasua en el verano de 1943 junto con otros 300 hombres de un batallón de penados, en el que estuvo alrededor de un año. En el acto de inauguración también se homenajeó a todas las personas de Alsasua que vivieron en sus propias carnes la represión.

Realizada por el artista alsasuarra Jesús María Olmos, se trata de una pieza resuelta con cinco traviesas, diferentes herramientas de trabajo y tornillos, así como dos carriles de vía estrecha.

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